El fracaso empático es un término acuñado por Heinz Kohut, que se refiere a situaciones en las que el padre, profesor o cuidador no responde adecuadamente a las necesidades del niño, alumno o paciente. En la página actual puede leer sobre el fracaso empático al comienzo de la vida y durante el tratamiento.
El fracaso empático es un término acuñado por Heinz Kohut, el fundador de la psicología del yo, que se refiere a una situación en la que no existe una respuesta adecuada a las necesidades emocionales del otro, si bien se da en todas las relaciones humanas, el período en el que su influencia es más significativa según Kohut es al inicio de la vida, por parte de los padres, hacia el bebé o niño, al mismo tiempo, la falta de empatía es esencial pero también puede tener consecuencias devastadoras para un desarrollo mental saludable.
Los alumnos e investigadores de la maestría en Psicología Clínica hacen un estudio el cuál la terapia como otro espacio donde el fracaso empático es particularmente significativo, por parte del terapeuta hacia el paciente, según este estudio, el trabajo adecuado con el fracaso empático puede tener valor terapéutico, hoy en día, este concepto se utiliza en un sentido más amplio tanto en el mundo de la terapia como en la vida cotidiana, en este articulo nos centraremos en el concepto de Kohut y los análisis de los alumnos e investigadores de la maestría en Psicología clínica en este tipo de terapia.
Fracaso empático al inicio de la vida
Para comprender el significado y la importancia del fracaso empático al comienzo de la vida según la psicología del yo, es necesario situarlo en el contexto del concepto de desarrollo del yo, Kohut creía que, para el desarrollo de un yo sano, al que llama yo tripolar, una persona necesita en los primeros años de su vida satisfacer necesidades narcisistas primarias a través de experiencias distintas de sí mismo.
En el marco de estas experiencias, un familiar significativo, normalmente uno de los padres, cumple diversas funciones para el bebé o el niño (por ejemplo, admirar al niño y sus capacidades, proporcionarle seguridad y calma, etc.), siendo percibido como parte de él.
Según Kohut, el cuidador principal, inevitablemente, es incapaz de responder en todo momento de forma adaptada a las necesidades emocionales del niño, pero el fracaso empático no es necesariamente algo malo, por el contrario, según este estudio se argumenta que es incluso esencial para el proceso de desarrollo mental, si es de una intensidad y frecuencia moderada y tolerable, se convierte en una frustración óptima, e inicia un proceso de internalización transformadora, en el que el niño internaliza funciones, habilidades y destrezas hechas para él por alguien distinto a él mismo como nuevas estructuras mentales, para que pueda realizarlas por sí mismo. Este proceso conduce a un cambio en los patrones de relación con los demás más adelante en la vida, de modo que la persona pasa de la búsqueda de otros arcaicos para fusionarse con ellos y establecerse mentalmente gracias a ellos, hacia relaciones maduras que implican separación y se basan en la resonancia empática. Hay que decir que dentro de la psicología del yo, hay quienes creen que el proceso de internalización transformadora se produce precisamente gracias a una atención óptima y no gracias a una frustración óptima basada en un fallo empático.
Un ejemplo de un proceso en el que los fallos empáticos conducen a la internalización de la conversión es una situación en la que un bebé está acostumbrado a quedarse dormido gracias al tranquilizador de su madre, a veces y por diversos motivos, la madre no le responde inmediatamente o sólo lo hace parcialmente, pero él logra soportarlo y aprende en esas ocasiones, poco a poco, a dormirse, más adelante podrá hacerlo todo por sí solo.
A diferencia de lo descrito anteriormente, cuando el fallo empático es repetido, persistente o demasiado traumático, puede perjudicar el desarrollo del yo, provocar un yo débil, en el que existen escisiones entre diferentes partes del yo, y cuyo valor es inestable, e incluso provocar diversas psicopatologías, como el trastorno narcisista de la personalidad.
Fracaso empático en la terapia.
El significado y la importancia del fracaso empático en la terapia kohutiana implica la percepción de transferencias distintas del yo, Kohut identificó 3 transferencias del otro yo, que le expresan el despertar de las necesidades del otro yo dentro de la terapia:
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Transferencia espejo.
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Transferencia de idealización.
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Transferencia de gemelos.
Como parte de estas transferencias, el paciente le pide inconscientemente al terapeuta que actúe como un yo-otro para él y que satisfaga necesidades que no fueron satisfechas en la infancia, debido a repetidas fallas empáticas.
Al igual que un padre al comienzo de la vida, el terapeuta tampoco puede responder todo el tiempo a necesidades distintas a las suyas que han surgido frente a él, esto ocurre de forma natural, no es intencional y se debe a diversas razones, puede expresarse en una falta de comprensión o una mala comprensión de las necesidades, o en interpretaciones inexactas o dadas en un momento inadecuado, etc. Aunque según el estudio realizado por los investigadores de la maestría (https://www.ceupe.co/programas/master-psicologia-clinica-psicoterapia-infanto-juvenil.html) el terapeuta no debe intentar satisfacer las necesidades de alguien que no sea él mismo, sino aceptar participar en las transferencias y reconocer los fallos empáticos cuando se produzcan, así, el fracaso empático surge como una oportunidad para reparar las vulnerabilidades creadas en la infancia.
En casos de fracaso empático, este estudio recomienda que el terapeuta debe describir al paciente el fracaso ocurrido y en el proceso brindarle la sensación de que lo comprenden (esta es la "fase de comprensión"), después de eso, debe explicar al paciente la interacción creada en la transferencia y conectarla con sus fuentes anteriores (la "fase de explicación"). Hay que decir que no siempre son dos etapas distintas, a veces pueden ocurrir en secuencia, pero a veces hay que esperar mucho tiempo hasta que el paciente sea capaz de aceptar la interpretación, con todo esto (la identificación del fracaso, la identificación de las necesidades insatisfechas que subyacen a la transferencia y su momento a pesar de su insatisfacción) pueden en conjunto crear una frustración óptima, esto, a su vez, puede permitir un proceso de internalización transformadora, en este caso, uno que repare las estructuras del self dañadas y fragmentadas y establezca nuevas estructuras hacia una autocohesión más fuerte y la maduración de relaciones maduras entre el yo y el otro, por otro lado, si los fallos empáticos son repetitivos, traumáticos, continuos, esto no ayuda al crecimiento mental e incluso puede conducir a la destrucción del tratamiento.
Muchas veces los pacientes no dicen explícitamente que experimentaron una falta de empatía por parte del terapeuta y es posible que ni siquiera se den cuenta de ello, sin embargo, es posible detectar signos de falla empática en el comportamiento del paciente, por ejemplo, expresiones de fatiga y aburrimiento en las reuniones, cruzar los límites del aguijón de diferentes maneras, etc. Asimismo, el fracaso también puede manifestarse en la contratransferencia, por ejemplo, en sentimientos de malestar o malestar en el terapeuta.
Otros enfoques definen el fracaso empático y las formas de trabajar con él de diferentes maneras, las diferencias radican, entre otras cosas, en las diferentes formas de definir el concepto de empatía y su papel en terapia, diferentes interpretaciones del fracaso empático son la falta de comprensión del estado mental de otra persona, la imposibilidad de compartir las propias experiencias con él sin experimentar su situación indirectamente, la dificultad para sentir compasión o preocupación por el otro, y más.
Entre las formas propuestas de trabajar con el fracaso empático destaca el trabajo con la contratransferencia y el uso de la orientación, además, existe un acuerdo bastante generalizado en que la atención y consideración de las fallas empáticas son una parte esencial del tratamiento.